Sabía que las cosas entre nosotros habían cambiado,
que
nuevas personas habían entrado en tu vida,
y que yo ya no tenía
cabida para permanecer más ahí.
Sin embargo,
aunque a veces no tuviera un tema de
conversación,
trataba de hablar contigo,
porque me importabas.
Sabiendo aún,
que me arriesgaba a que en el intento,
simplemente me ignoraras,
o me clavaras el visto.
Pero, a decir verdad,
eso no me importaba,
con tal de poder hablar unos minutos contigo.
Lamentablemente,
siempre que lo hacia,
respondías de una forma cortante,
o simplemente con un “bueno”;
o a veces,
con un par de palabras acompañadas de un “jajaja”
Más sin embargo,
siempre que requerías de alguna ayuda o consejo,
yo estaba para ti,
aún a pesar de que careciera de tiempo el estrés causado por la Universidad.
Hasta que, bueno, un día me di cuenta,
que tú conmigo no eras reciproca,
pues, cuando yo te necesitaba, no estabas.
No respondías mis mensajes,
y a veces, ni siquiera contestabas mis llamadas.
Fue ahí donde entendí,
que debía dejar de escribirte,
de llamarte, de pedirte un minuto de atención,
y aceptar, que lamentablemente,
la hipótesis que tenia, era cierta.
“Yo te daba igual”.
